domingo, 24 de mayo de 2026

Presa del Sabucar en Berbinzana.




Domingo, 24 de mayo de 2026

Después de tres meses retirado del mundanal ruido, hoy vuelvo al campo. 

Para probar mi maltrecho esqueleto, he buscado una ruta corta, llana, lisa y sombría. 

Casi nada. 

Pero la he encontrado. 

El 8 de noviembre de 2020, hace ya cinco años y medio, fuimos a Berbinzana, a la presa del Sabucar. Disfrutamos del alivio del confinamiento con esta ruta del amigo Sergismundo. 

Seis kilómetros escasos, 5 metros de desnivel y una hora y media de tiempo. 

Hoy repetimos la ruta con un día estupendo y la mejor compañía que se puede desear. 

Aparcamos junto al puente del Arga y, con muchísimo cuidado, nos ponemos en marcha. 

Son las 11:00 horas

La temperatura es de 25º. El cielo, despejado. Sin aire.

Calor de mayo, se agradece el resto del año.

El entorno es increíble: agua, hierba, árboles, flores. Todo lo que en estos largos meses he echado tanto de menos.


La frondosidad del camino nos recibe en su primer tramo. 

Caminamos despacio. El río a nuestra izda. es una superficie tranquila y verde. 


Un campo de calabazas nos recibe a la salida del soto. 

El trabajo del agricultor y la posibilidad de regar cuando sea necesario traerán una abundante cosecha. 


Las matas de los escaramujos se han poblado de flores blancas y tentadoras para los polinizadores. Dentro de unos meses se llenaran de frutos rojos y sabrosos que pondrán el contraste al verdor de las orillas. 


Las madreselvas también quieren participar de la fiesta. 

A modo de campanillas atraen nuestra atención y nos hacen evocar aquellas succiones dulces  cuando pasábamos de chavales las tardes de verano disfrutando de la riqueza del río.


Tres tablones sólidos y humildes nos permiten salvar la antigua acequia 


y disfrutar de una campa repleta de amapolas. 

El sol está en lo alto y nos obliga a ponernos los gorros. 

Las fragancias de la abundante floración confunden nuestro olfato. 


Entramos de nuevo en otra zona sombría y limpia. 

A nuestra izda. se empieza a escuchar, cada vez más intenso, el rumor del agua. Estamos llegando al final del recorrido. 

El camino desemboca en un pequeño claro. 



Una solitaria bardana muestra orgullosa sus hojas como si fuera la reina del lugar. 

Llegamos a la caseta de riego y nos asomamos. 

12:00 horas. Presa del Sabucar.



El agua baja con fuerza. Nos sentamos un rato. Bebemos de la cantimplora y nos sorprendemos del entorno maravilloso que estamos disfrutando. 

Nos ha costado un poco más de lo previsto llegar, pero ha merecido la pena. 

El lugar no ha cambiado apenas desde que lo conocimos en noviembre de 2020. 

Es un paseo cómodo, cercano y encantador. 

Asequible a todas las edades y, lo digo por experiencia, aunque se tengan las facultades físicas un poco mermadas. 

En este enlace se puede ver el recorrido de hoy