Hacía tiempo que quería darme una vuelta por los caseríos de Candaraiz. Lo intentamos el año pasado pero, andando desde casa, hay mucha distancia para hacerlo en una mañana. Por eso, me voy en coche hasta el Caserío de Cortés y me quito los 6 kms. de ida y los otros 6 de vuelta. El fin justifica los medios.
Ayer le llamé al Templao y llegaba en ese momento de dar su paseo matutino. Esta semana, me dijo, ha comenzado a andar hora y media porque se está probando para ir a Ujué. Se encuentra bien, aunque va con precaución pues tiene miedo a los mareos. Le dije que estoy seguro de que hará la romería y que con sus ochenta y dos años será la envidia de todos. También le propuse que a partir de ese domingo salgamos nuevamente juntos al campo. Me contestó un escueto: "Ya veremos".
Son las 08,00 horas. Magán marca 13º y la farmacia 12º. El cielo está nublado. No llueve. Inma no puede venir, así que me voy solo. En diez minutos estoy aparcando en el Caserío de Cortés. Antes de llegar, en una pieza enorme, los aspersores riegan sin descanso una plantación de habas. El agua pulverizada muestra una imagen insólita en Don Galindo.
Comienzo a caminar. Bajo hasta la carretera de Miranda y la cruzo de frente. Me dirijo a una abejera antigua. Una joya del pasado.
Está, como es natural, abandonada. Son las 08,25 horas. Es una hermosa construcción.
En su interior aún se conservan algunos de los cestos de cañas en los que las abejas sujetan los panales. Sigo hacia la izda. y atravieso un cercado en el que han hecho una repoblación de pinos y encinas que tardarán unos años en crecer. Al otro lado de la cerca está el Centro de Transferencia de Residuos de la Zona Media.
Siguiendo el cercado de la instalación me adentro dirección N. por el cauce seco del barranco de Romerales. Penetro en esa zona mágica.
Los cogotes de tierra están poblados de pinos y de romero en flor. Nuestros antepasados no tuvieron que discurrir mucho para nombrar a este término así.
08,40 horas. Llego a la balsa. Está llena de agua. El espectáculo serena el alma. Agua, cereal, pinos y romeros ofrecen una combinación armónica que me obliga a detenerme. De vez en cuando, rompe el silencio algún graznido, haciendo notar que el paisaje no es un lienzo, que está vivo.

En Octubre pudimos caminar por ella. Era un campo de salitre.
Tomo el camino que asciende entre pinos en dirección E. Voy a Tamarices. Atravieso una tramo totalmente de caliza. El suelo es tan blanco que si no fuera por los romeros en flor, parecería que estoy en medio de una nevada. El camino comienza a descender. El suelo se vuelve más oscuro. Al fondo se adivina la Cantera de Ros.
Poco antes de llegar al cruce de caminos me encuentro una sorpresa. No sé qué es; víbora o culebra. Está tendida en medio del camino y ni se inmuta ante mi presencia. Con la punta del bastón la toco para ver si está muerta y se revuelve con rapidez. Le digo que tranquila; que somos amigos... o por lo menos conocidos. La dejo con su siesta, pero miro un par de veces para atrás mientras me alejo, no sea que esté cabreada y venga a traición.
09,00 horas. Llego al cruce de Tamarices, casi enfrente de la Cantera de Ros. Tuerzo a la izda. En lo alto se ven los tejados de la Escolara y de Eulalio. El día está muy bueno para andar. No hay sol, pero tampoco amenaza lluvia. Comienzo a subir por el camino. A mi dcha. discurre el barranco de Tamarices. Por el portillo que separa los dos caseríos, desembocará en el barranco de Candaraiz.
09,10 horas. Corral de la Escolara. Casi no me paro. Desciendo por la orilla del barranco y lo cruzo.
En diez minutos estoy en el Caserío de Eulalio. Está abierto y abandonado. Las palomas al notar mi presencia, salen asustadas. Con precaución me asomo a alguna de las desvencijadas ventanas. No sería la primera vez que saltara algún zorro, sintiéndose acorralado. Ya me he llevado más de un susto por eso. Doy una vuelta por el exterior de los edificios. Muchos llaman a este caserío el de Candaraiz. Es el que estaba pintando en un mural en la antigua sociedad gastronómica Candaraiz, en la calle de la Feria.
"Pedrera de Candaraiz: "Araiz" expresa su condición de "Peña del valle"; sus canteras de roca arenisca fueron explotadas desde antiguo, singularmente a lo largo del siglo XV. Por los años 1424 fueron extraídas y labradas allí millares de piedras sillares para los palacios reales. El célebre mazonero o escultor Jehan Lome trabajó personalmente la piedra para los "retraytes", pilares y arcos de la fuente. Queriendo construir una presa para el regadío en 1426, el alcalde de Miranda de Arga solicitó permiso al concejo tafallés, y éste lo concedió bajo ciertas condiciones, para extraer piedra de la pedrera de Candaraiz" (J.M. Jimeno Jurio)(Toponimia histórico-etnográfica de Tafalla)
Un paseo por Candaraiz at EveryTrail EveryTrail - Find hiking trails in California and beyond
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