Tomamos el primer cruce a nuestra dcha. y subimos por el camino, muy arreglado, hasta el portillo que separa Valmayor del Prado de Solrío. Son las 08,55 horas y apetece sentarse un momento y tomar un bocado. La mañana ha mejorado algo. El sol todavía puede y la temperatura, poco a poco, va subiendo. Hemos salido todos de largo. El tiempo de la pantaloneta, a pesar de lo que haga en el veranillo de San Miguel, ha pasado. Debajo del pinar, los Templaos tenían un olivar y cuenta Javier que un año, siendo él chaval, estaba con Florencio, su padre, cogiendo olivas el día 5 de Enero. Por la tarde, Florencio, tenía que salir en la cabalgata vestido de rey mago y le decía a su hijo:
- ¿Has visto alguna vez a algún rey cogiendo olivas? pues... !aquí tienes a uno¡
Tomamos el camino que va de frente y que, en suave pendiente, nos llevará hasta el punto geodésico de Valmediano. A las 09,20 horas llegamos. La vista desde esa altura es magnífica. Posiblemente sea la mejor de Tafalla porque, a diferencia de Buskil, no hay montes ni cerros que estorben la visión. Vemos al sur, imponente, el Moncayo. Más aquí, Olite con la silueta del castillo recortada en el horizonte y a su izda. Pitillas y su balsa, que como si fuese un irregular espejo, refleja los rayos solares.

Dicen los estudiosos que este montículo, por su ubicación, fue asentamiento en nuestra prehistoria. Veamos lo que dice la arqueóloga Rosa María Armendáriz en el nº 32 de la revista Panorama: "El decurso de los siglos parece mermar el índice poblacional del término municipal, aunque quizá los más adecuado sea considerar que durante la Edad de Hierro (900-350 a. C) el capital humano en el territorio se agrupara en núcleos estables (...) Ocho fueron los enclaves datados en esta época detectados en el municipio y la mayoría comparten cronología con otras fases históricas anteriores como el Bronce y posteriores como el mundo romano. De todos ellos destaca especialmente el de Valmediano, auténtico poblado fortificado en el que son todavía visibles los restos de la muralla que lo circuncidaba"
Goyo ha paseado otras veces por aquí y ha descubierto lo que podría quedar de esa muralla.


Bajamos hacia el pinar. Dominando una altura importante, descubrimos una rudimentaria fila de piedras, larga, como si fuera una elemental muralla. Seguiremos preguntado, indagando, leyendo. Por la pendiente, entre los pinos, llegamos a una pieza. Seguimos a nuestra izda. y llegamos al portillo que da vista a Solrío. Por el camino que atraviesa este término tomamos nuevamente el camino del Escal y, bordeando el antiguo vivero forestal y cruzando la vía férrea, llegamos a la pasarela sobre el Cidacos. Son las 10,30 horas.
Estamos en Gerón. Por la trasera de Luzuriaga, por el camino que va junto a las Cuadras de Garro, salimos a la carretera. La cruzamos y por el arcén de la olvidada Cuesta de San Gregorio, nos dirigimos al barranco del Abaco. "Poco después de la guerra de siete años fueron azotados cuatro sujetos que salieron a robar a la Cuesta de San Gregorio. Volvían a la cárcel y el que los capitaneaba , al bajar del asno, fue cogido violentamente por el verdugo que, con un hierro candente le marcó en la espalda las letras P.L., que quiere decir -por ladrón-" (Escenas de la vida Tafallesa)(Angel Morrás)
Llegamos al barranco. A nuestra dcha. la fábrica de los chinos. A la izda. la de Aguirre. Subimos en dirección Tafalla. En las Eras se juega al fútbol y por los gritos más parece que se lucha cuerpo a cuerpo. Llegamos al polideportivo. Son las 11,15 horas.
Ha sido otra mañana estupenda. Nuestro campo no deja de sorprendernos.
Éste es el enlace para ver el recorrido.


Son las 8 de la mañana. Magán marca 16º y la farmacia 15º. Hemos quedado en la plaza y salimos Juanjo, Goyo y yo. Por la carretera general llegamos enfrente de los últimos talleres, junto a la rotonda sur. Esta tarea de "aproximación" nos ha robado 30 minutos. Son 08,30 horas y estamos en la desembocadura. Tenemos, casi encima, la ermita de San Gregorio. El sitio es fantástico y la vegetación, desbordante, ha creado un espacio sombrío y frondoso que nos invita a contemplarlo. El barranco baja con agua. No mucha, pero lleva agua.
Salimos. Cruzamos la carretera general y lo vemos aparecer nuevamente detrás de la fábrica de los chinos. Seguimos por su orilla izda. en dirección N. Pasamos junto a los campos de fútbol de las eras. Ha empezado la Copa del Torneo Ciudad del Cidacos. Los jugadores se esfuerzan y pelean cada balón. Después de pasar nosotros se oye un sonoro "cagüen... tal" que, disculpándolo, comentamos que habrá sido una jugada de gol tan clara, fallada, que bueno...
El barranco se vuelve a esconder debajo del asfalto y del hormigón. No lo volveremos a ver hasta pasado el polígono de la carretera de Artajona. Caminamos sobre él. Atravesamos toda la nueva urbanización. La rotonda del 1043. Llegamos a "la Moraleja" y nos plantamos en el mini parque infantil que está encima de su cauce. 

Salimos nuevamente a la carretera. Las orillas están impracticables. Descubrimos una lápida a nombre de Juan Sagardoy que indica que murió en ese punto alcanzado por una chispa. Este hombre era tatarabuelo de mi mujer. Falleció a finales del siglo XIX. Hemos pasado cientos de veces por ahí y es la primera vez que la vemos. Seguimos carretera arriba y llegamos al túnel de La Lobera. En ese punto el barranco atraviesa la carretera de Artajona y se adentra en la zona de las balsas. Este paraje es precioso. Tanto es así que hace unos cuantos años, El Templao mandó una instancia al Ayuntamiento solicitando que esa zona se convirtiese en un espacio de esparcimiento acuático. Ni le contestaron.
10,25 horas. Llegamos al Caserío del Monte. No queremos subir hasta la balsa Lucas, que es, más o menos, donde comieza el Abaco porque se nos hará tarde para volver.
0,35 horas. Como Goyo no vino la semana pasada, le enseñamos el Corral Nuevo y el pozo. Desde aquí vemos la cuenca del Abaco. Todas las aguas bravas que bajan del Buskil cuando entra el Viento Negro junto con las que bajan también de los altos de La Lobera, provocan los desastres que históricamente ha sufrido esa parte de Tafalla. Me contaba ayer el Templao que estando su padre en una pieza que tenían aquí en el Monte, se puso el cielo negro y tuvo que subir las caballerías a una pieza de un Churrero, que estaba en un alto. Como no le dió tiempo más que a desatar el ganado, los aparejos se quedaron en su pieza. Bajó tal riada que al día siguiente encontraron todos los enseres en las inmediaciones de San Gregorio.
Salimos del Corral Nuevo y buscamos, como el domingo pasado, el Corral de los Toros. Por el camino que desciende llegamos a la carretera de Artajona. Asistimos, estupefactos, al paso de motos y más motos. Jamás habíamos visto tantas juntas. Por lo visto era una concentración motera y había mas de 280 motos. A las 11,35 horas entramos en el pueblo. ¨