Domingo, 11 de enero de 2026
Comenzamos el año de las andadas. Estamos en el último día de la Navidad porque, contrariamente a lo que mucha gente piensa, el período navideño no termina con la visita de los Magos, sino el domingo siguiente: la festividad del Bautismo del Señor.
Hoy vamos a ir a la Balsa de Cabriteras. Las obras del TAV han alterado el paisaje y hace tiempo que no nos hemos dejado caer por allí.
Son las 08:30 horas. El cielo está despejado.
En enero, bufanda, capa y sombrero.
La temperatura es baja, 1º, pero no anda aire. Así que no sentimos un frío helador.
La urbanización está solitaria.

En las Escuelas Comarcales, el trabajo del Voluntariado Medioambiental pone una nota de color en esta mañana invernal.

El panel que informa del itinerario del Oinez Basoa es como una puerta abierta al interior del Plano y su atmósfera encantada.
Pasamos al lado del Aguazón Basoa.

La talla que informa del nombre mira a la acera esperando un saludo de los muchos paseantes que recorren a diario esta especie de circuito.
Salimos de la urbanización.
El camino desciende suavemente jalonado de zarzas, escaramujos y endrinos.
La muralla que supone la variante sur tiene un paso modesto pero útil.
El tubo que la atraviesa sirve para aliviadero de las lluvias y también como paso de peatones.
La finca de Félix Txirolas es un chaflán.
Hoy vamos a subir por su derecha: La Cuesta del Melón.
El camino es ancho y el piso bueno.
La subida también es cómoda.
A nuestra izda. descubrimos uno de los hitos que levantó Toñín Olcoz.
Es la entrada al Plano por este lado.
Andamos por camino viejo y entramos en una estrecha senda.
A la Senda de los Enamorados le han hecho un buen lavado de cara.
Han limpiado los zarzales que poco a poco iban dificultando el paso y también han metido la motosierra en algunas ramas de las encinas.
La práctica del ciclismo, pensamos, ha traído esta mejora de la que también disfrutamos los que nos desplazamos a pie.
09:25 horas. Nuestra primera parada es en las Cuatro Piedras.
Salimos del camino y nos acercamos al túmulo.
El espacio en el que nos encontramos contiene cuatro grandes piedras con sus correspondientes placas que homenajean a cuatro personas amantes del Plano y que trabajaron y lucharon por su conservación.
A nuestro entender, todo un acierto que merece la pena conocer y admirar.
Volvemos a nuestro camino.
Otro panel, bien conservado, hace que nos detengamos y nos informemos de las características del Monte Plano.
El recorrido se vuelve totalmente llano.
Abandonamos el camino principal para tomar otro que discurre en medio del bosque.
Salimos al Canal, que por aquí pasa bajo tierra, y volvemos a introducirnos en el bosque.
Una jauría de perros se escucha en la lejanía, pero no se oyen disparos.
10:35 horas. La Cruceta, sorprendentemente, está limpia.
Un poste nuevo con varias flechas ocupa el lugar que albergó hace ya unos cuantos años la pequeña y humilde cruz de piedra, que algún desaprensivo se llevó.
Las tablillas de caza se miran de frente, sin hostilidad, pero marcando cada una su territorio: Tafalla y Olite.
Descendemos por el camino de nuestra dcha.
Un sólido y antiguo mojón de piedra ayuda también a marcar territorio.
Miramos hacia el O.
Yoar, Montejurra y Lókiz dan paso a un blanquísimo San Donato.
Y casi enfrente Alaitz, la Peña y la Higa también se dejan ver, aunque no se distingue ningún rastro de nieve.
Por encima de todos ellos, al S., el Moncayo parece de algodón.
El camino que sube hacia el Plano está nuevo, ancho y bien marcado.
A las Zorreras les han hecho un agujero en su falda para que pueda deslizarse el futuro tren.
Las Zorreras. El padre de Paco García era el montero cuando se repoblaron de pinos Las Zorreras. Hizo la
plantación una empresa de Bera de Bidasoa en el año 1967. Como decía el contrato,
cuando transcurrió un año, vinieron los de esa empresa a reponer los árboles
que no habían tomado. Cuando se enteraron de que el padre de Paco había muerto entretanto, se
llevaron un disgusto muy grande.
Dio la casualidad de que aquel año fue
muy lluvioso y que, cuando vinieron, los de Bera tuvieron que reponer muy pocas
plantas porque casi todas habían tomado con tanta humedad. (Mis conversaciones con Paco García)
10:50 horas. Balsa de Cabriteras.
Visitarla en invierno y con un día de sol como hoy es un privilegio.
El nivel del agua alcanza la altura de sus mejores tiempos.
En sus orillas más amplias, una enfrente de la otra, las dos casetas con sus troneras visibles esperan impacientes a algún caminante sin prisas para contarle viejas historias de la caza de palomas.
Subimos al Plano.
Este camino también lo han arreglado.
Del antiguo pedruguero no queda ni rastro.
Junto al Oinez Basoa, un rebaño de ovejas viene hacia nosotros siguiendo la presencia conocida del pastor.
Esta nos saluda jovial.
- ¡Qué buena mañana habéis pillado para venir!
Mientras las ovejas agachan la cerviz buscando los brotes más tiernos, las cabras se alzan sobre sus patas traseras y rebuscan entre los árboles las hojas y los frutos más sabrosos.
Pasamos junto al Corral del Plano y, una vez más, no podemos dejar de admirar sus arcos y su construcción.
Descendemos por el Camino de Falces.
11:55 horas. Fuente de los Falces.
Hace poco pasamos por aquí.
¡Qué podemos añadir a los elogios de todos los que la contemplan! El trabajo del Voluntariado Medioambiental es digno de admiración y de agradecimiento por la labor realizada.
12:05 horas. Cruzamos de nuevo el tubo y entramos en el pueblo.
Las calles de la urbanización están más animadas.
Paseantes, algún esforzado corredor y bicicletas se dejan ver en este frío y a la vez cálido mediodía de enero.