lunes, 3 de diciembre de 2012

El molino de Pueyo





Domingo, 2 de Diciembre de 2012


Llevo dos semanas sin salir al campo y no puedo más. De hoy no pasa. Me da igual que llueva, haga frío, nieve o granice. Tengo que salir a andar o me va a dar algo.
Ayer llamé a Juanjo y le dije que me llevara a donde quisiera. 
Son las 08,00 horas. Magán marca 3º y la farmacia 1º. El cielo está despejado aunque por el N. hay unas nubes negras que, más que amenazar lluvia, le dan al día un aspecto invernal. 
Me va a enseñar lo que pudiera ser el resto de una antigua abejera y luego iremos a coger setas al Monte del Conde. 
Salimos por los Jardines y llegamos a Recarte. Son las 08,25 horas. El río baja cantarín. 





En la Sierra de Alaiz la nieve se ha instalado desde hace unos días. La Peña de Unzué se ha puesto un gorro blanco y lo luce con gracia cuando el sol se abre paso entre las nubes. 
Por el camino viejo de Pueyo caminamos solos. 
Junto al antiguo Molino de Macocha, el Cidacos golpea con fuerza un par de rocas ennegrecidas por la humedad. 
El agua corre veloz por el barranco de Landerri. Algunos campos no pueden tragar más agua y se encuentran anegados. En el mes de Noviembre he recogido 80 litros de lluvia. 
Este otoño ha entrado con ganas y el campo lo agradece. 





08,45 horas. En una ladera, al abrigo del cierzo, se encuentran los restos de lo que podría haber sido una abejera. No lo tenemos claro. Es corta y no se ven indicios de cestos ni nada por el estilo. Puede que sea otra cosa. 
Bajamos nuevamente al camino de Macocha. 
Al llegar al piso asfaltado, nos acercamos al puente para contemplar el río. A Juanjo se le ilumina la cara. El cauce se ha recuperado. Tiene dudas de que también lo haya hecho la pesca, pero si hay río, lo demás viene casi sólo. 





La belleza de los sotos que disfrutamos hace tres semanas ha desaparecido. Se ha pasado ese tiempo mágico en el que los árboles empiezan a mudar el color. Ahora todo es más gris y frío. Estamos en el umbral del invierno. 







Volvemos al camino y por debajo de Pueyo nos acercamos a Siete Fuentes. Son las 09,40 horas y además es hora de almorzar. El día no está del todo malo. Apenas anda aire, pero la temperatura es baja. Observando el chorro que saca el caño, nos acordamos de este verano. Había otras fuentes en peor estado, pero ésta también sufrió la sequía. 
Se nos ocurre una idea. A partir de ahora vamos a calcular el caudal de cada fuente que veamos. Lo anotaremos y serán datos que nos servirán para ver la evolución de los acuíferos. 
Dicho y hecho. Vacío mi cantimplora y Juanjo, cronómetro del móvil en mano, controla el tiempo de llenado: 5,3 litros/minuto

Salimos en dirección S. Nos vamos hacia el Monte del Conde.
En lugar de tomar el camino que cruza el puente, nos adentramos en uno que va a los huertos y se produce la casualidad.







Descubrimos un pequeño merendero con una imagen dentro de una hornacina.






Una placa nos dice dónde estamos: Merendero del Molino. 
Juanjo se entusiasma y no es para menos. Estamos ante lo que queda del antiguo molino de Pueyo. 
El 20/06/2010 (recomiendo leer mi escrito) estuvimos en la Presa del Molino. ¡De este molino! y ahora nos encontramos en lo que queda de él. Las acequias serpentean por los campos trayendo el agua del Cidacos. 





La antigua construcción se adivina magnífica. 

Seguimos nuestro camino y salimos a la carretera general. 
Junto al Maño pasamos por debajo de la autopista y tomamos un camino a la dcha. Son las 10,50 horas. 
Una pareja ha aparcado el coche y con una cesta en el brazo toma el camino que será también el nuestro. 
Avanzan despacio porque van husmeando las orillas del camino. Nos saludamos brevemente y apretamos el paso. Cuando los perdemos de vista, nos adentramos en el bosque. Juanjo conoce varios setales y no quiere "competencia". 
El terreno lo ocupan pinos y algún enebro. Las zarzas, de vez en cuando, se agarran a nuestras ropas intentando detenernos.






Las setas de pino o negrillas no se hacen esperar. Están lozanas y... frías. En un santiamén Juanjo ha llenado una bolsa. 
Volvemos al camino y llegamos a una pieza en barbecho que nos llevará  a  Orrocegui. 






La tierra, en el caracierzo, está dura. En el barro, como fosilizadas por el hielo, han quedado las huellas de un jabalí al que le calculamos un buen tamaño. 

11,15 horas. Orrocegui. La fuente, como hace tres semanas, sigue limpia. El agua del abrevadero es de una pureza sorprendente. El caño echa un buen chorro de agua. Repetimos la operación de Siete Fuentes. 
Echa 15,8 litros /minuto, es decir, tres veces más que la otra. 





Volvemos por el camino que asciende hasta Valdelobos. El día sigue frío. Algún todoterreno ha roto el hielo de los charcos y eso nos permite ver el grosor de la helada.

"Una mañana de frío intensísimo, estuvo a punto de suspenderse la aurora porque los instrumentos se helaban y hubo de ir calentándolos con una vela; pero era tal el frío, que a pesar de la vela, el bajo que portaba el popular "Manolín" quedó helado y hubieron de entrar en la panadería de Urroz para deshelarlo, sacando de él dos tormos de hielo que el aliento había formado" (P. M. Flamarique)(Cajón de sastre tafallés)

Orillando la autopista nos vamos acercando al pueblo. 
A las 12,00 horas estamos en la Fuente del Rey. 
Se nos salta la risa. Aquí también vamos a hacer la misma operación que en Orrocegui y Siete Fuentes y..., empezamos de nuevo. 
Cantimplora, móvil, cronómetro,... Total: 10,8 litros/minuto

Salimos al polígono y entramos en el pueblo. Primera excursión de Diciembre. El calendario, con tanta fiesta, nos va a dejar en las puertas de la Navidad.  Aprovecharemos los domingos que quedan para disfrutar del campo. 






1 comentario:

  1. Por si fuera interesante o útil para ti o para los lectores de tu web, tengo publicado el siguiente blog:
    http://plantararboles.blogspot.com
    Se trata de una guía breve y práctica para que los amantes del campo y la montaña podamos sembrar/plantar árboles, casi sobre la marcha, aprovechando las semillas que nos dan los árboles y arbustos autóctonos de nuestra propia región.

    Salud,
    José Luis Sáez Sáez

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