lunes, 18 de enero de 2016

San Antón en Valmediano




Domingo, 17 de enero de 2016


Ayer nevó en Tafalla. Los tejados amanecieron blancos y, aunque en el pueblo se deshizo pronto la nieve, los montes cercanos permanecieron blancos. 
El monte de Valmediano, que también se denomina Montmediano, está 52 m más alto que Tafalla. 
Hoy vamos a dar una vuelta por allí y comprobaremos si ha aguantado la nieve. 
Son las 08,00 horas. Magán marca 3º y la farmacia 1º. 

Por San Martino (11 de noviembre) las nieblas vienen ya de camino; por San Antón (17 de enero) barre las nieblas a un rincón. 

El cielo está blanco, de panza de burra. El viento frío del N sopla suave y cortante. 
Junto a la plaza de toros, cruzamos al otro lado de la vía. 
Abandonamos el camino del Escal y entramos en Las Pozas. 
A mano dcha. las fincas de recreo contrastan con los campos que tienen enfrente. 
Al magnífico olivar de Azcona le han dado una limpia de ramas. 
Por debajo del puente de la autopista, llegamos al Pontarrón. 



El espectáculo que tenemos delante nos hace detenernos. 
El amanecer rojizo ilumina las sierra de Ujué. Guerinda y Txutxo tienen las crestas blancas. 
La nieve rodea al Santuario como si un niño ilusionado hubiera decorado el castillo de un belén. 
Junto a nosotros, Valmayor se extiende espléndido. Es un verde tapiz que se pierde en la muga de San Martín. 
En los pinos de Santa Marina o, como los conocemos, de la Choza de Modesto, las ramas han creado una tupida maraña. 



A un viejo pino le ha fallado el terreno y ha caído sin remisión. 
El camino que sube a Valmediano es ancho y nuevo. 
Al doblar una curva, contemplamos el Moncayo. 


Sus 2.314 m muestran altivos la gran nevada que soportan. Nuestros vecinos de Olite, apretados junto al castillo, miran inquietos la inmensa mole blanca. 
Dejamos el camino y orillamos una pieza sembrada.


En la isleta central, una vieja cabaña de piedra se esconde entre los chaparros buscando abrigarse del cierzo. 
09,15 horas. Montmediano. 473,1 m de altitud.

Ni rastro de nieve. 
El frío es intenso. En el O. Montejurra y Monjardín contemplan con envidia la Sierra de Codés. La cima de Yoar, así como toda la montaña, se ha vestido de blanco. Entre Larraga y la Sarda, la niebla se disipa en finas hilachas. 


El abuelo había heredado una hacienda regular que después amplió. Tenía alguna finca por la carretera de San Martín, también en Valmediano y en el Monte, así como en Galloscantan, junto a la tejería. Tambíen alguna viña cuyos frutos aprovechaba para hacerse él mismo sus propios vinos. Recuerdo la bodega como algo misterioso, donde el abuelo elaboraba sus deliciosos vinos. Tenía unas grandes barricas de auténtico roble americano. El abuelo era garapitero y tenía una rara habilidad para la cata. No precisaba analizar los vinos, con sus portentosos sentidos del olfato y del gusto bastaba.

  • "Este vino se va a pi…..car".
Si así lo sentenciaba, irremisiblemente se volvía vinagre.
Su especialidad eran los vinos de lágrima. Yo los llegué a probar y todavía recuerdo su inconfundible sabor. (Juan Carlos Lorente Martinena)(Nicolás, nuestro abuelo)


Bajamos. 
Por la orilla de una pieza llegamos a las piedras grandes. 


Inmóviles y sólidas, son un enigma para los vistantes de este lugar. 
Volvemos al camino principal y llegamos a Valmayor. 
La cercanía del Refugio de Los Doce, tan querido por nosotros, nos anima a acercarnos y almorzar. 
Cuando caminamos por una gran curva, miramos los cerros próximos. Estamos en el borde de la Falconera y el topónimo, como siempre, nos parece entrañable. 
10,00 horas. Refugio de Los Doce. 


Entre el Canal y la carretera , custodiado por los apóstoles, se halla el edificio. 
El interior está limpio y ordenado. 


La imagen de la Virgen, que con tanta emoción talló Miguel Valencia, recibe al visitante.
Protegida por un cristal, sobre una sólida columna, es visitada y admirada por cuantos se acercan hasta allí. 
Junto al ventanal, apoyados en la mesa, almorzamos disfrutando de unos breves rayos de sol que caldean ese rincón. 


El exterior también está limpio y cuidado. 
Bajamos a la carretera y volvemos a Valmayor. 
Entre sembrados y viñas, el viejo camino nos acercar hasta los edificios. 
11,00 horas. Caserío de Valmayor o de Fernández. 
Tres perros encadenados nos dan la "bienvenida". 


Ladran y saltan como si hubieran enloquecido. 
Pasamos junto a ellos y no queremos ni pensar que sucedería si rompiesen la cadena. 
Nos acercamos a la balsa. 


Está casi llena. 
El agua turbia llega hasta el borde y cubre la pequeña rampa de tierra de la otra orilla. 
Volvemos para casa. 
Cuando pasamos junto a la Ermita de San José, Juanjo me propone que subamos un momento al cerro del Serrallo. 
Un sendero junto a una casa nos acerca hasta el montículo. 


No queda ni rastro de la construcción, pero se puede apreciar perfectamente el foso que rodeaba al fuerte. 
Juanjo se recrea con la vista y me cuenta: 
- "La Tafalla que divisiba desde aquí Espoz y Mina, cuando cañoneaba el convento de los Franciscanos (hoy Pasionistas), era bastante diferente. 
Las tropas francesas, en los primeros años del siglo XIX,  habían ocupado la ciudad y el convento era un buen almacén para su intendencia. Espoz y Mina, desde esta altura y con el río de por medio, los hostigaba sin descanso"


Pasamos de nuevo bajo la vía y nos acercamos a ver el río. 
En la presa de San Andrés, también conocida por la de la Estación, el agua salta con ganas. El Pozo Redondo recibe las aguas alborotadas y las remansa. Por fin ha llovido. 



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