sábado, 12 de marzo de 2011

Una Javierada pasada por agua


No pensaba escribir nada de esta Javierada . Todos los años es, más o menos, lo mismo. Salimos a las 5 de la mañana. Almorzamos, comemos, andamos mucho, nos reímos más, hacemos el Via Crucis con el resto de peregrinos y participamos de la misa en Javier.
Después un café con bollos suizos que lleva mi mujer, el autobús y a casa. Ducha, sofá y cama. 50 kms. en las piernas y un año más viejo.
La historia se repite y... sin embargo, cada javierada es distinta.
Los tres días anteriores habíamos disfrutado de un tiempo estupendo. A pesar de que el periódico, la tv y Foreca anunciaban agua al 95%, abrigábamos la esperanza de que estuvieran equivocados y de que nuestros deseos se hicieran realidad. No ha sido así.
Ayer viernes, para las once de la noche comenzó a llover. Para avisar a mi hijo Manuel, que ha salido a las cuatro, me he levantado media hora antes. Seguía lloviendo. Me he metido otro rato en la cama imaginándome que paraba de llover, salía el sol, los pájaros cantaban, los enamorados salían a los balcones a desearnos un feliz viaje, y todas las cursilerías habidas y por haber. A las cuatro y veinte me he levantado y... seguía lloviendo. He pensado en el hijo. Ya lleva media hora mojándose y lo que nos queda. A las cinco estábamos en el puente del Cidacos, Pedro, José Mari, Juanjo y yo. Este año el Templao no ha podido venir. El médico se lo ha prohibido y a nosotros nos ha hecho la "puñeta" porque su ausencia la vamos a notar demasiado.
Nos miramos a la cara y ni nos lo planteamos ¿para qué?. Vamos a salir pare o llueva. Salimos. Sigue lloviendo. Llevamos una conversación animada y eso hace el camino más llevadero. A las 07,00 horas llegamos a San Martín. Para estos casos tenemos en la reserva una casa a la salida del pueblo que tiene un pequeño porche en el que, sin meter mucho ruido, incluso nos podemos sentar en las escaleras y no mojarnos. Echamos el primer almuerzo. Apetece parar. Además hay que comer algo porque la mañana es larga y dura. Juanjo ha traído la bota con un humilde rosado que se va del mundo. Le pegamos unos cuantos "lamparillazos", que nos hacen olvidar las penalidades pasadas y la venideras.


07,20 horas. Salimos y empezamos a subir las rampas del Alto de Lerga. La lluvia arrecia y el viento también. Cuando llegamos arriba vemos que, hacia Sangüesa, el cielo está igual de gris y "malévolo". Poco antes de llegar a Lerga me suena el móvil en el bolsillo. Es mi hijo Manuel.
Han almorzado en la Sociedad de Lerga y los monitores del grupo Scout, viendo el panorama, han decidido suspender la marcha. Se vuelven para casa y tampoco saldrán los chavales de las ramas más jóvenes que se iban a ir iniciando en la javierada desde Eslava, Aibar y Sangüesa. Manuel va con dos amigos, Javier y Oscar, que quieren seguir. Les plantean a los monitores seguir con nosotros, que vamos detrás. Previa consulta con los padres de los amigos, consiguen el permiso y ya no nos separaremos hasta el Via Crucis.
09,20 horas. Sigue lloviendo y llegamos a Eslava. En el bar de la carretera, donde paramos todos los años, hay mucha gente. Cuando hace bueno algunos almuerzan en la calle, pero hoy...
La hermana de Javier Ecay y su prima, con las que coincidimos todos los años, han terminado de almorzar y nos llaman para dejarnos el sitio. Les estamos eternamente agradecidos. Volvemos a almorzar. Sacamos vino y gaseosa y tomamos hasta café.
A las 10,30 horas salimos. ¡Milagro, ha parado de llover! Los nubarrones parecen indicar que va a durar poco, pero si no llueve en una hora, pues una menos que nos habremos mojado. Pensamos seguir por la carretera y no tomar el camino porque habrá mucho barro. Cometo la imprudencia de proponer que vayamos, como siempre, por el atajo, que el suelo estará duro. Me hacen caso y nos adentramos. A los pocos metros el barrizal es de los buenos, pero seguimos. Hay que pasar dos pequeños barrancos que cruzan el camino pero que, , cuando hace buen tiempo, se sortean con facilidad pisando en las piedras. Hoy no es así. Con ayuda de bastones y, metiendo el pie hasta el tobillo, los sorteamos.
Me suena el móvil. Es el Templao. Está en casa y se acuerda de nosotros a cada instante. Le digo que ha parado de llover y se alegra. También le digo que estamos en medio del barrizal, a propuesta mía, y me echa unos cuantos improperios.
Salimos a la carretera, encima del puente del río Armillo. En el cruce de Sada nos juntamos con Ignacio Izura, Jesús Presa y Goyo Zalba que vienen de Sabaiza. Los han llevado en coche hasta el alto de Ezprogui y hacen la javierada desde allí.
A las 12,10 horas llegamos a Aibar. Y sigue sin llover. En el bar Perrillas tomamos un refresco y salimos para Sangüesa. Manuel y sus dos amigos van entusiasmados. Me adelanto con ellos y les cuento "batallitas" de otros viajes. Algunas les hacen gracia. Cuando les digo que esta de hoy es mi treinta y cuatro javierada, abren los ojos como platos. Llegamos al puente de entrada a Sangüesa.




Son las 13,40 horas. Y no llueve. Esperamos a Pedro, Juanjo y José Mari. Nos tenemos que hacer la foto oficial . No hay nadie para hacérnosla. Con el día tan malo y todos tan mojados no se ha parado nadie. Me toca hacerla a mí.
Entramos en el pueblo y nos vamos a comer al bar de todos los años. José Mari ha sufrido una hipoglucemia y le tenemos que ayudar a llegar. Rosa, con su hijo, e Inma, con varios más de Tafalla, han llegado en el autobús y ya nos están esperando. Nos sentamos y comemos. José Mari se recupera y, mal está decirlo, nos "ponemos las botas". Nos lo hemos ganado.
Nuestras mujeres, con el grupo que estaban comiendo, se van un poco antes y les cae un pequeño chaparrón. Cuando salimos nosotros, ya ha parado y no volverá a llover. Los 8 kms. que separan Sangüesa de Javier los andamos a nuestro paso, tratando de pillar la cabecera del Via Crucis, cosa que no conseguimos. Por fin llegamos al castillo.

La plaza está abarrotada, pero encontramos un hueco. La misa dura una hora. Estar de pie después de la paliza de hoy, es duro. Empiezan a abrirse grandes claros y en el castillo luce el sol.
Cuando termina, mientras saludamos a conocidos, tomamos nuestro café y nos vamos al autobús.
Volvemos para casa. La organización nos ha pedido un poco de paciencia. Hay 201 autobuses y va a costar un poco salir de Javier. No importa. Nos dejamos caer en esos asientos tan confortables y nos da igual salir los últimos. A las 19,10 horas se mueve el autobús.
Una hora mas tarde llegamos a Tafalla.
Ha sido un javierada dura. Hemos hecho varias como ésta. Que haya parado de llover en Eslava ha sido un bendición.
Manuel, Oscar y Javier están pletóricos. Ha sido su primera javierada desde Tafalla y encima con este día.

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