miércoles, 2 de junio de 2021

Una calzada romana en San Martín de Unx




Domingo, 30 de mayo de 2021


Hasta última hora del sábado estuvimos pendientes de la información meteorológica. 

Cuando vimos que si el domingo llovía iba a ser con poca intensidad, nos animamos a hacer una ruta cercana que el amigo Sergismundo trazó hace un tiempo por lo que fue la antigua calzada romana y que hoy está sepultada baja un manto de tierra. 

Son las 08:15 horas. 

El día, aunque con algunas nubes, viene radiante. No anda aire y la temperatura es 14º. 

Hasta que no pase San Germán (28 de mayo) no digas que tienes vino ni pan. 

Aparcamos y salimos por el camino viejo de Olite. 

En San Martín vemos gente con pinta de senderistas. Al preguntar si había algún acontecimiento, nos dicen que hoy es el día del rosado y que hay una serie de visitas a las bodegas por un itinerario que transita entre campos y viñedos. 

Nuestra informante nos cuenta que los grupos, con esto de la Covid, ya están completos y que lo siente, pero que no nos podemos unir. Le aclaramos que no era nuestra intención, que nosotros vamos a ver hoy "una de romanos".



Dejamos a nuestra derecha el Corral del Cabezo y ascendemos por una cuesta corta. 

08:35 horas. Cabezo de Ilagares. 


La cima del cerro es un conjunto de rocas. Desde esta pequeña elevación (625 m) las vistas, mires hacia donde mires, son un espectáculo. 

Volvemos al camino y echamos un vistazo al Boyeral

Hace ocho años, siguiendo el recorrido de la publicación del Consorcio de la Zona Media, hicimos una excursión estupenda por allí que nos permitió descubrir una zona fantástica de San Martín de Unx. 


Un espárrago solitario se ha enseñoreado de la orilla. 

Al llegar a un cruce, tomamos el de la dcha. que es un camino viejo y casi en desuso. 

08:45 horas. El Cerradico. 


Es un trozo de terreno verdaderamente "cerradico". La abundante vegetación –ilagas, madreselvas, coscojas y encinas– le da un toque agreste al lugar que hace agradable el tránsito por él. 

Seguimos por el viejo camino que discurre entre el matorral y el monte bajo.


 

Al llegar a una viña, como todas bien cuidada, la bordeamos. 

Salimos al viejo camino y, dejando a la izda. una plantación nueva de olivos, llegamos al canal. 

Seguimos por el borde del canal en dirección N hasta llegar a un puente, que no cruzamos, porque tomamos a la dcha. una larga cuesta en el camino de Olite. 

10:00 horas. Calzada romana. 


Han hecho obras de conservación y adecentamiento y la han tapado por completo. 

En algunos tramos, el antiguo empedrado no se resigna al chandrío y se asoma en un desgarro lastimero de lo que fue y ya no es. 

En la fotografía que encabeza este post se puede apreciar cómo era la calzada en este tramo. Como dice Juanjo: "no se puede luchar contra los elementos".

En el siguiente cruce de caminos, encontramos una sombra y hacemos una breve parada para almorzar. 


El día está tranquilo. Los molinos en Guerinda permanecen inmóviles esperando que alguna ráfaga despistada de viento los ponga en marcha. Hace calor. 

Abandonamos el camino y por un sendero estrecho nos acercamos a nuestra última parada. 

10:35 horas. El Robrar

El pequeño cerro (572 m) está solitario. Damos una vuelta por su cima y no encontramos ningún roble. Como la toponimia no suele mentir, tuvo que ser un paraje en el que, si no abundaban, habría algunos ejemplares. 


Aprovechando el roquedo, alguien fabricó un pequeño refugio que sería de gran utilidad en las jornadas frías de invierno. Desde aquí nos entretenemos mirando las cimas importantes de Guerinda, Txutxo y el Guarro. Y las menos conocidas del Coronel y los Paxaros. 

Volvemos al camino y por buen camino salimos a la carretera para entrar al pueblo. Un grupo de participantes en el Día del Rosado nos adelantan alegres. Vienen de las bodegas de abajo y les queda alguna visita. 



11:10 horas. Fin del recorrido. Ha sido un paseo corto pero interesante. El calor, que ya empieza a apretar, también invita a terminar la excursión. 

Pero antes del volver, aprovechando la jornada del Rosado..., hacemos una parada en una bodega y compramos vino. La dueña, atentísima, nos enseña una parte de las instalaciones. Hablamos de vinos, vendimias y gentes. La Cultura del Vino, con mayúsculas, tan importante y tan rica en nuestra zona. 

En este enlace se puede ver el recorrido de Sergismundo que es el que hemos seguido nosotros hoy


Harina de otro Costa

por Juanjo Costa.


Aspectos cotidianos en la vida del Príncipe de Viana ( domingo 30 de mayo de 2021)

 

                Introducción

      No nos consta que el Príncipe de Viana anduviera por los lugares que hemos visitado este domingo, pero no es descabellado pensar que, en sus muchas cacerías, hubiera visitado todos los alrededores de Olite. Entre ellos, muy bien podría haber satisfecho su afición cinegética por aquellos que se encuentran entre esa población y San Martín de Unx: El Cerradico, el Altico del Coronel, Santa Cruz, el Roblar, el barranco de Juanezquerro, Muriomozo y la Calzada, entre otros.

 

         A falta de testimonios directos sobre estos posibles paseos, y dado que ayer se celebró en Olite el 600 aniversario de este nieto de Carlos III el Noble, transcribo un artículo que don Florencio Idoate incluye en el Tomo III de sus “Rincones de la Historia de Navarra”. Trata de algunos aspectos de la vida cotidiana del príncipe y está escrito con aquella facundia y gracejo que caracterizan a quien fuera Archivero del, valga la redundancia,  Archivo de Navarra.

 

         Hay que tener en cuenta que los tres volúmenes de esta obra se escribieron entre 1954 y 1966, así que cuando habla de dinero lo hace en pesetas y con el valor que tenían en aquella época, en que con un billete de 100 se podía hacer bastante. Hay también algunos textos copiados de los documentos medievales con el vocabulario de la época. Nada que no pueda solucionar en estos tiempos nuestros un buen buscador. Esperamos que lo disfrutéis.

 

                                                       “La paga del Príncipe

 

                                                                                              1

Nadie crea que los reyes y los príncipes gastaban a ojo en aquellos lejanos tiempos. El presupuesto tenía sus límites; No se podía alargar indefinidamente y los tesoreros reales tenían que tirar de la cuerda más de una vez para tratar de equilibrar en lo posible las cuentas.

 

  Había que incluir entre los diversos capítulos el interesante y sugestivo de los gastillos particulares, completamente necesarios por otra parte, si la familia real había de quedar bien ante los de alrededor y ante sus súbditos en general; era cuestión de prestigio. No hay duda de que, como personas, al fin de al cabo con sus defectos y sus virtudes, tenían también sus caprichos, no siempre santos. Hay que ser humano y no exigirles más que a cualquier otro mortal, dentro de ciertos términos, claro está.

 

         Sobradamente conocidas son las tormentosas relaciones entre el rey don Juan y su hijo Carlos, el Príncipe de Viana, al que podríamos llamar el de los tristes destinos. También sabemos que una de las causas principales fueron las andanzas de aquel por tierras castellanas y las contradicciones que hubo de aguantar, con las repercusiones perjudiciales a menudo en nuestro propio reino. En cambio, son menos conocidas y aun casi inéditas aquellas noticias menudas que escapan a la política y a la milicia, las pequeñeces de la vida diaria, que superan a menudo en interés a las ‹‹grandezas››.

 

         Vamos a hablar de lo que podríamos llamar la paga de Charles (que así se firma nuestro príncipe), cuando ya era mayorcito y estaba casado con aquella germana que nos vino de Clèves, doña Agnés o Inés, que había de morir a los pocos años sin dejar descendencia, para desgracia del príncipe y de la dinastía navarra. Estamos en 1441, año en el que ocurren dos sucesos importantes; uno, infausto, la muerte de la reina, doña Blanca, y otro, que parecía fausto en un principio, en cuanto suponía la preparación del heredero para empuñar en su día las riendas del trono. Nos referimos a su nombramiento de lugarteniente general del reino cuando andaba por los veinte años.

        

         Corresponde a los años 1440-41 el registro de tesorería que ofrece los datos referentes a las entregas a la reina y a su hijo en diferentes ocasiones y por diversos conceptos. El título del epígrafe correspondiente es ‹‹Dineros dados a la Seynnora reina et al Seynnor Princep››. Incluye. Pues, los entregados antes de fallecer la excelente doña Blanca, del mejor recuerdo para sus súbditos. Fijándonos solamente en las partidas facilitadas a su hijo, observamos que el 9 de julio de 1440 llevaba en su bolsillo, cuando menos 30 sueldos para ‹‹adorar las reliquias de la iglesia de Santa Maria de Uxue››. Calculo que con este dinero se pagaba entonces el jornal de media docena de carpinteros o albañiles, con lo que ya tenemos una referencia para conocer la cuantía de las ofrendas o limosnas del que se firmaba Charles, que no se quedaba corto en generosidades.

 

         Al día siguiente hay que ofrecer en la misa de San Pedro de Olite, donde deja otro tanto para el plato. No es dudoso lo mucho que les alegraría el ojo a clérigos y sacristanes tan deseada visita. Al otro día, le tocará ir a San Sebastián, basílica próxima a Tafalla, donde deja 20 florines, nada menos, para obras y luminaria. Digamos, para entenderlo mejor, que tal cantidad se pagó también por aquellos días a su ‹‹arpero››, maestre Johan, por un rocín corriente, si hay que juzgar por el valor de otro adquirido para el príncipe, más del doble. Esto es lógico; a tal señor, tal rocín.

 

         El 22 de dicho mes, nueva limosna, de 15 sueldos esta vez, con motivo de la fiesta de Santa María Magdalena, y, el 25, honra a Santiago con la misma cantidad. La visita que realiza a los pocos días, con su mujer y una de sus hermanas a San Juan del Soto, le cuesta a Charles 30 sueldos. Julio es, pues, un mes de continuos cumplidos con los santos, no encontrando nuevos desembolsos del tesorero hasta Navidad por tal concepto. El 26 de diciembre, la ofrenda es de otros 30 sueldos en la fiesta de San Esteban, que tenía más devotos que ahora seguramente; también en esto hay modas. Al día siguiente, los cumplidos son para San Juan, y, por Reyes del año siguiente, el príncipe acude a Santa María, dando tres relucientes florines de oro de los que sonaban de lo lindo en el bacín. El 15, le vemos presente en la procesión de San Pedro y, al otro día, en San Sebastián de Tafalla, donde la no corta limosna va acompañada de una ‹‹flecha››. El 18 continúa el pío desfile, pasando a San Antón. Es, pues, el de Charles, un continuo peregrinar por las iglesias, conventos y basílicas o ermitas de Tafalla, Olite y su comarca.

 

         El 1 de febrero hallamos al Príncipe en Santa Brígida, y al día siguiente, la Candelera, oye misa en Santa María. Es natural que menudeen las visitas a este templo. Siendo la limosna mínima que ofrece 4 sueldos, digamos unas 80 pesetas, según mis cálculos. El 22, hay procesión en Olite, con su indispensable presencia. Olvidaba que por Santa Cruz de septiembre la ofrenda es de categoría, 20 sueldos, y que, el 24, se encontraba la principesca pareja en Estella, para asistir a los votos de la hija de Gil Périz de Sarasa, tesorero real, hombre que sabía del principio al fin los secretos de la hacienda navarra. Las clarisas recibieron con tal motivo 12 libras, obsequio tan espléndido como bien recibido. Aún habrá quedado olvidada alguna otra visita de las pías, pero con lo dicho hay suficiente para colocar al joven Charles entre los devotos y limosneros de verdad.

 

                                                        2

         Las devociones se llevaban unos cientos de libras anuales; pero quedaban otras muchas atenciones que cumplir, aparte -claro- de los regodeos personales. Para esto último (‹‹para fazer sus placeres et querer››), recibe el príncipe 2.000 florines de un golpe en junio de 1440 por orden de la reina; digamos, el valor aproximado de unos 6.000 robos de trigo. En diciembre le son entregados otros 500, y aún se estira el capítulo con otras cantidades más pequeñas, para rellenar la vacía bolsa del frustrado heredero de Navarra. Hay que atender y obsequiar con alguna largueza al menestril o juglar que distrae los ocios; al criado o ‹‹valet›› enfermo o al que contrae matrimonio. Así vemos que, Pero de Saut recibe 10 florines por ciertos ‹‹juegos que el fezo en presencia del dicho Sennor con un babuy››. En julio de este mismo año 40, es obsequiado con igual cantidad un escudero de Johan de Mur, que le trajo un caballo. Claro que es completamente obligada la correspondencia y reciprocidad en estos casos, existiendo un vocablo expresivo cuanto cabe, ‹‹cabestraje››, que compensa ampliamente las molestias del viaje al portador del presente.

 

         A los pocos días, los agraciados por su esplendidez, son el trompeta Jaime de Pina, que recibe 5 florines relucientes, y su bordador Nicolau, gracias al cual podía lucir más el príncipe su gentil figura ante la Corte y el pueblo. Con 5 florines se podían comprar entonces 15 robos de trigo, para que nos hagamos cargo de las prodigalidades principescas. La boda de la hija de su camarero, Johan Pasquier, con Pedro de Andosilla, le da una ocasión más de manifestar su generosidad, al regalarles sendas tazas de plata, que vienen a costar tanto como un rocín corriente. A su sastre, Petit Johan, prefiere darle un buen puñado de libras en mano, con el mismo fausto motivo. Otro día le toca ser padrino o compadre de un hijo de Estella, su heraldo. Gusta de ver la familiaridad y acercamiento hacia los servidores en estos detalles continuos. A su ballestero Miguel de Garde, un valiente roncalés sin duda, le regala un jubón para vestir con decoro.

 

                                                        3

         De fuera de Navarra le llegan al príncipe dos regalos muy estimables. Uno se lo remite don Íñigo López de Mendoza, el autor de aquellas obras tan conocidísimas en nuestra literatura. Se trata del primer Marqués de Santillana, autor de las deliciosas serranillas, cantares y decires, que todos hemos saboreado ya cuando estudiábamos el bachiller. El regalo a Carlos es un ‹‹jinet›› traído por su propio heraldo, Huelma, un escudero y dos trompetas. El príncipe corresponde a la delicadeza de tan ilustre noble castellano con 25 libras para los portadores. También recibe otro fino presente de su padre, dos lebreles, sin duda muy escogidos. Los dos hombres que los trajeron habían andado muchas leguas y reciben 10 florines; digamos a cada 1.500 pesetas. Sabido es que un buen perro, un caballo, un azor o un halcón, constituían un obsequio de gran lucimiento para el donante en aquella época. Los lebreles figuran, como sabemos, en el escudo del príncipe, rodeando las armas reales; recordemos de paso, que sirven de motivo para aquella leyenda en latín, diferentemente interpretada, que reza así: ‹‹Utrimque roditur››. [“Roído por los dos lados”, divisa atribuida del Príncipe de Viana]

 

         El príncipe se aproximaba entonces a los 20 años y tendría que ocupar a poco la lugartenencia del reino por su padre, al fallecer doña Blanca en 1441. Aún no habían estallado las diferencias entre padre e hijo, a que ya hemos aludido, pero pronto empezaría a enrarecerse el ambiente doméstico, al interpretar don Juan en su provecho el testamento de la difunta, a la par que, su continua danza en los negocios castellanos, crearía una reacción desfavorable en Navarra y en el príncipe heredero, no interesado en la política de su inquieto progenitor.

 

         Y ya que de limosnas y presentes estamos hablando, no estará de más decir dos palabras sobre los gastos de las exequias de doña Blanca, que ascienden a 785 libras; unas 120.000 pesetas, actualizando esta inexpresiva cifra para el profano. El ‹‹almosnero›› de la difunta, García de Navascués, reparte 94 libras entre religiosos, clérigos, caballeros, escuderos, gentes de los tribunales, dueñas y doncellas de la casa real, y pobres, tanto en concepto de pura limosna como para las ofrendas en los funerales, que duran del 11 al 29 de abril. El ‹‹almosnero›› de Charles es Martín de Cemborain, que reparte a lo largo del año 110 libras en cumplimiento de su oficio; unas 80 pesetas diarias más o menos”.

Florencio Idoate

Rincones de la Historia de Navarra Tomo III

Editorial Aramburu

Pamplona 1979

 

¡Buen camino!

Vale.


No hay comentarios:

Publicar un comentario